Tannenberg y el Factor Humano

Tannenberg1
Por Fernando de la Fuente


San Petersburgo – 12 de marzo de 1905

Llegan malas noticias desde Manchuria. El ejército ruso ha sufrido una nueva derrota a manos de las Tropas Imperiales japonesas en la Batalla de Makden. Prácticamente ése es el final de la Guerra Ruso-Japonesa y un capítulo más en el largo ocaso del mandato de Nicolás II.

Samsonov
A. Samsonov
Sin embargo, hay pequeños aspectos que pasaron aparentemente desapercibidos y que, con el tiempo, se convertirán en enemistades perpetuas, traiciones que desembocan en miles de muertos o incluso en el fin del imperio. El factor humano.

Aleksandr Samsonov, General de los Cosacos del Don, que sufrió una severa derrota en Makden, acusó públicamente a su colega Paul von Rennenkampf de abandonarlo en la batalla, cuando no socorrió a su unidad en apuros desde el flanco izquierdo del orden de combate. Rennenkampf se defendió aludiendo a la falta de comunicación e incluso haciendo mención a un antiguo asunto personal con Samsonov. Este último, hombre enérgico y de incuestionable valor, consideró que fue una defección en toda regla y que muchos compatriotas cayeron por la cobardía e incompetencia de Rennenkampf. El asunto tomó tintes oficiales, llegando hasta el mismísimo Zar, que despachó el asunto con su habitual concepto de la diplomacia. O lo que es lo mismo, no hizo absolutamente nada…

Berlín – 8 de mayo de 1914 


Hindenburg
Hindenburg
El General Helmut von Moltke, Jefe del Estado Mayor del ejército alemán, sabe que la 1ª Guerra Mundial está en un momento crítico. Sabe que es la hora de tomar decisiones. Duras, complicadas, pero hay que hacerlo. Conoce bien a sus generales. Hay mucho talento, rigor táctico y disciplina. Prittiwitz, General en jefe del ejército responde a ese perfil. No obstante, las primeras derrotas ante el ejército ruso le hacen replantearse su elección. Sabe que no hay un líder efectivo, alguien que decida, un referente. Por eso, no tiene otro remedio que mirar atrás. Y allí encuentra a un viejo militar retirado que cuenta con el respeto y la admiración de todos: Paul von Hindemburg.
Hindemburg llevaba retirado desde 1911. Veterano de guerra (Posiblemente en aquella época el 95% de la sociedad lo era, de una u otra manera), en la Guerra Austro-Prusiana y en la Guerra Franco-Prusiana, destacó por sus habilidades estratégicas, pero sobre todo por la coherencia y la sensatez que desprendían todos sus actos.




Como se nos van acumulando los protagonistas de nuestra historia, vamos a recapitular para situar a cada uno en su lugar. Imaginemos que cada ejército es una película. Centrándonos en el ejército alemán, Hindenburg sería el director, Luddendorff su ayudante, Max Hoffmann el guionista y Von Francois el protagonista. En el caso ruso, tenemos un director que escribió su propio guión, El Gran Duque Nicolás, que buscó un duelo interpretativo entre sus dos protagonistas, Samsonov y Rennenkampf. 
  
Centrándonos en la batalla, la situación que encuentran Hindemburg y su ayudante Ludendorff es la siguiente:
Hay más de 500.000 soldados rusos acosando Alemania, divididos en dos ejércitos. El primer ejército en el Norte, acaba de vencer en Gumbinnen y se acerca peligrosamente a Königsberg. El segundo avanza por el Sur flanqueando los Lagos Masurianos. 

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Quién dirigía los dos ejércitos rusos? Exacto. Rennenkampf en el Norte y Samsonov en el Sur. Cualquiera podría pensar que no había más generales en Rusia. Pero en realidad se cuenta otra historia diferente. Aunque ya se sabe que, en palabras de Robert Louis Stevenson, cuando conviven leyenda y realidad, siempre prevalece la leyenda.


GranDuqueNicolas
El Gran Duque Nicolás

El jefe del Estado Mayor de las tropas zaristas era el Gran Duque Nicolas, tío del Zar Nicolas II, Romanov de estirpe y veterano con numerosas campañas a sus espaldas, si bien muchas de ellas terminaron en derrota. Hombre de gran estatura, rotunda voz y gran influencia sobre la familia real (más o menos como Tywin Lannister, pero en ruso) gozaba de toda la confianza del zar y el respeto de sus tropas. Él conocía perfectamente la enemistad de los dos generales, pero pensaba que ambos competirían por ser los primeros en llegar a Berlin y que eso facilitaría sus intenciones. Craso error.
Hindemburg hace una sencilla operación artimética y se da cuenta de que hay dos rusos por cada alemán. Eso le obliga a ser creativo, no puede buscar la confrontación directa, porque se expone a una derrota segura y a dejar franco el camino a Berlin. Busca debilidades en el Ejército Ruso. No son hombres muy expertos, la mayor parte de ellos no tienen adiestramiento militar, son de origen campesino (mujiks), pero tienen una gran resistencia. Su movilidad es limitada por culpa del diferente ancho de vía férrea, que permitió llevar su equipamiento sólo hasta la frontera rusa, sus oficiales corruptos e incompetentes y sus comunicaciones… 

¿Qué pasa con sus comunicaciones? Decidió consultar al Coronel Max Hoffmann, Jefe de Operaciones del VIII Ejército, que le informó de un hecho insólito. Las comunicaciones del Ejército ruso estaban sin cifrar. Hoffmann conocía a la perfección la enemistad entre los generales rusos y además, sabía de las intenciones de cada ejército. Por ello, llegó a la conclusión de que las dos columnas avanzarían independiendentemente, sin ayudarse una a otra. De esta manera, propuso al nuevo comandante en jefe y a su jefe de estado dejar una pequeña fuerza que contuviera y retardara la progresión del I Ejército ruso de Rennenkampf, que se aproximaba desde el este, mientras preparaba el traslado de la mayor parte de los medios hacia la zona que enfrentaba al II Ejército de Samsonov que avanzaba desde el Sur, para después de solucionar la situación en ese frente, regresar hacia el Norte con todas las fuerzas y atacar al I Ejercito ruso, con el fin de batirlos por separado aprovechando que los separaban un gran obstáculo como eran los Lagos Masurianos.

Max Hoffmann
Max Hoffmann
No deja de ser interesante las comunicaciones que escuchó Hoffmann para conocer las intenciones de cada persona y, sobre todo, llevar a cabo un plan tan arriesgado. Uno se imagina algo parecido a lo de Gila: “¿Es el enemigo? Que se ponga..” o incluso conversaciones como las de los legionarios romanos en Asterix “No te abandonaremos, decían…Rennenkampf te ayudará, decían…” 
Con todos estos aspectos, Hindenburg, replanteó su estrategia inicial y aceptó el plan de Hoffmann. Ahora habría que ver si su teoría era acertada...




 Tannenberg 16 de agosto de 1914

liandola
Hindenburg y Ludendorff liándola parda.

Las tropas alemanas acababan de llegar al reagrupamiento y Hindenburg da la orden inmediata de ataque. Recibe una respuesta sorprendente del General Hermann von Francois, jefe de los ejércitos del Sur: “Es mejor que ataquemos mañana. Los soldados están agotados. No voy a ordenar el ataque”. Cuentan que Hindenburg pasó horas intentando encajar esa respuesta, pero su confianza en Von Francois era absoluta, así que decidió aceptar. Más peliagudo debió ser trasladar dicha información a Von Moltke, que lógicamente exigió su fusilamiento inmediato por desobediencia, sedición y alta traición. Pero al final, se tranquilizó gracias a los esfuerzos de Hindenburg y Ludendorff y aceptó. Se dice que la derrota hubiera acabado con Von Francois en el banquillo, como única exigencia de Von Moltke.

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 Al día siguiente, se llevó a cabo el ataque, permitiendo una mayor penetración del ejército ruso, para, de esa manera, alargar más aún su línea de suministro.De esa forma, se consiguió cierto equilibrio entre las tropas en litigio. Las tropas alemanas disponían de 144.000 soldados de infantería, 9.000 de caballería, 728 cañones y 296 ametralladoras. Por su parte, los rusos atacaron con 150.000 infantes, 16.000 jinetes, 612 cañones y 384 ametralladoras. 

Von Francois
Von Francois
 Fue una batalla muy diferente de lo que se suele conocer sobre la Primera Guerra Mundial. No fue una batalla de desgaste en trincheras. Hubo dos principios básicos en los que se fundamentó la victoria. En primer lugar, la eficacia de la artillería. Los germanos disponían del cañón de disparo rápido Krupp (fabricante de los famosos Gran Bertha y Gran Sigfrido y cuyos herederos son posiblemente los fabricantes del ascensor en el que sube a casa todos los días, Thyssenkrupp) de 77 mm de acción rápido y de la ametralladora Maxim, la mejor fabricada hasta ese momento. El armamento ruso era mucho más antiguo y de peor calidad. Para muchos soldados rusos, era la primera vez que escuchaban disparos de artillería. El efecto fue devastador. Si la artillería afecta a la moral de soldados veteranos, hay que imaginar el efecto que produjo en los inexpertos soldados rusos. Parece ser que los incompetentes oficiales huyeron los primeros, por lo que dejaron a sus tropas indefensas y descabezadas. El segundo fue una maniobra envolvente por el flanco izquierdo, que provocó que la parte central tuviera que ayudar a ese flanco para evitar ser copados. Eso llevó a todo el ejército al colapso. También hay imágenes que parecen responder más a la mitología que a la realidad. Tras la batalla, los diarios alemanes hablaban de cientos de soldados rusos ahogándose en las tierras movedizas de los Lagos Masurianos. Pudo haber bajas y ralentización por ese motivo, pero parece poco probable hablar de esas cifras. En cualquier caso, lo complicado del terreno inclinó aún más la balanza. El ataque fue demoledor para las tropas de Samsonov, que huyó en desbandada tras sufrir cuantiosas bajas en Tannenberg.


Cañón krupp 77
Cañón Krupp 77

En medio de todo ese caos, hubo una carga permanente de caballería e infantería alemana a la bayoneta. En ese momento, Von Francois desobedeció nuevamente al alto mando, ya que recibió la orden de esperar. Pero vio que la huida estaba siendo muy desordenada y tenía una oportunidad de oro. Por tanto, con un ataque de doble envolvimiento -rematando el Kessel por el flanco derecho-, buscó el aniquilamiento y rendiciones masivas del II Ejército cerca de Frogenau, lo que fue un completo éxito. Entre tanto, el Gran Duque Nicolás ordenaba reiteradamente a Rennenkampf a ayudar a Samsonov, pero este se negó aludiendo a que no podría llegar a tiempo, por el obstáculo natural que suponían los Lagos Masurianos. Nunca dirigió sus tropas hacia el sur, sino que siguió avanzando hacia el Oeste. El día 28, Samsonov ordenó la retirada general, aunque ya era tarde, porque 95.000 soldados fueron capturados durante los combates, unos 30.000 murieron o fueron heridos y de los originales 150.000 soldados, sólo 10.000 consiguieron escapar. Los alemanes sufrieron menos de 20.000 bajas y consiguieron capturar unos 500 cañones. Samsonov, viendo aquel desastre, se pegó un tiro en la cabeza.

mascota
Grupo de soldados al rededor de la mascota de la unidad, de nombre Maxim.
 
Rennenkampf
Rennenkampf
 El ejército alemán volvió a reorganizar sus fuerzas y aprovechando su excelente red ferroviaria, regresó al norte, atacando, entre el 7 y el 13 de septiembre de 1914, al I Ejército, en lo que se conoce como la batalla de los Lagos Masurianos, que obligó a Rennenkampf a retirarse de Prusia Oriental con grandes bajas.
Esta maniobra de la batalla de Tannemberg, se constituyó en un clásico de la estrategia militar y se denomina “maniobra en línea interior”, que consiste en lograr la destrucción del adversario mediante la aplicación sucesiva de la fuerza propia sobre sus diferentes núcleos, manteniendo la seguridad mínima necesaria para fijar los núcleos adversarios en coordinación con la acción del esfuerzo propio. A día de hoy se sigue enseñando en las Academias militares, con plena vigencia, a pesar del siglo transcurrido. 





LAS CONSECUENCIAS 


Lógicamente, Hindenburg, Ludendorff y Hoffmann se convirtieron en héroes nacionales de Alemania. El primero de ellos, se convirtió en Presidente de la República de Weimar en dos ocasiones lo que le llevó a proclamar el fin de la República y la llegada del nazismo con la designación de Hitler como Canciller en enero de 1933. Hindenburg siempre mostró su desprecio por Hitler, pero acató su nombramiento como parte de su deber. Ironicamente, las exequias de Hindenburg, el 2 de agosto de 1934, fueron organizadas por Hitler, que ordenó su entierro en un santuario de Tannenberg.

Hindenburg el Kaiser Guillermo II y Ludendorff
Hindenburg, el Kaiser Guillermo II y Ludendorff


Ludendorff tuvo un destino similar, aunando el desprecio por Hitler, con la adoración del pueblo alemán. No en vano, escribió una carta a su amigo Hindenburg, con motivo del nombramiento de Hitler, con estas palabras: “Le prevengo solemnemente que ese fanático llevará a nuestra Patria a la perdición y sumirá al país en la más espantosa de las miserias. Las futuras generaciones le maldecirán en su tumba por lo que usted ha hecho". Recibió numerosas ofertas para incorporarse al ejercito del III Reich, que rechazó, para morir en 1937, en un funeral repleto de jerarcas nazis que asqueó a sus allegados. 
Max Hofmann, rebautizado como “El zorro” se dedicó a la teoría militar hasta su muerte en 1927. El otro zorro alemán, el del desierto, recibió dicho sobrenombre por su inigualable habilidad estrátegica, la misma que su predecesor Hoffmann.

Von Francois se convirtió en un brillante teórico militar, autor de numerosos libros. Falleció en 1927.


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El Zar Nicolás con su tío tocayo, el Gran Duque
El Gran Duque Nicolás fue relevado de su mando por su sobrino, que asumió al mando del ejército. Su papel en el resto de la guerra fue puramente testimonial. Pero las consecuencias para Rusia fueron mucho más allá. Además del descontento reinante en el pueblo, el ejército se convirtió en un polvorín que estalló, llevándose por delante a toda la familia Romanov. No toda. Hubo un Romanov que sobrevivió: El gran Duque. Se retiró a viajar por toda Europa como un rico industrial, para morir en Antibes en 1929. Nunca volvió a pisar Rusia. 





Paul von Rennenkampf dimitió acusado de incompetencia y traición. Murió asesinado en 1918 al negarse a colaborar con la revolución bolchevique en 1918.

Dos aspectos tan humanos como el odio y el instinto decidieron una de las batallas más importantes de la primera guerra mundial. No todo es estrategia, no todo son números. Hay más, mucho más. No son pocos los militares que olvidan que en las guerras luchan hombres. Por eso, el factor humano, residual en las guerras contemporáneas, es tan importante.

Fernando de la Fuente. 

7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, María José, pero el mérito no es mío. El artículo está escrito por Fernando de la Fuente, uno de los tres autores que componemos este blog. No obstante, estoy seguro de que él estará encantado de saber que te ha gustado.
      Un abrazo!!
      Igor.

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  2. Así es, Igor. Me alegro mucho de que te hay gustado María José y muchas gracias por comentar.

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  3. Me ha gustado mucho, si señor. Lo de las comunicaciones rusas me ha parecido curiosísimo. Y la estrategia de cuando te vienen por todos los lados, ir con todo lo que tienes tratando cada foco y cada problema de uno en uno a ser posible. Se puede sacar hasta una lección vital aplicable a la vida diara.

    Y si, el factor humano es fascinante, como bien puede corroborar el famoso Edward Aloysius Murphy :P

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  4. ¡Muy bueno! Enhorabuena.
    Técnicamente Ludendorff era el ayundante de Hindenburg pero en realidad era quien tomaba las decisiones y daba las órdenes. Hindenburg era el símbolo.

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    1. Lo de Ludendorff daría para cuatro posts más. En sus memorias hay material para hablar largo y tendido. Su pertenencia a sectas neopaganas y sus problemas nerviosos y psiquiátricos hicieron de él un militar oscuro y fuera de lo común. Pero es cierto que Hindenburg era un hombre de campo (la edad no le permitía serlo)y Ludendorff un estratega. Pero como bien dices, Hindenburg tenía una ascendencia sobre las tropas que Ludendorff por lo ya comentado, no tenía. Muchas gracias por comentar

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  5. Creía que las extravagancias que mencionas era coss sólo de sus últimos años (tras la guerra) pero probablemente tiens razón y ya apuntara maneras mucho antes.
    Yo siempre había pensado que había sio el típico general prusiano estirado y hueco pero leyendo "The Transformation of War" de Martin Van Creveld me sorprendió que hubiera sido un teórico de la guerra muy brillante y clarividente.
    Por desgracia para él, tras la guerra, Hitler lo caló a la primera y lo utilizó y luego desechó con toda facilidad. Seguramente a esas alturas ya no estaba en su mejor versión.
    No doy más la vara.
    Saludos.

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