Igor Yglesias-Palomar
Ha llegado a mi conocimiento que en las próximas fechas, en España, se estrenarán dos películas que han llamado mi atención. En apariencia no tienen nada que ver entre ellas, y obviamente, dado que aún no se han estrenado, no he tenido oportunidad de verlas, así que esto no es un comentario propio de las cintas en cuestión, sino de algo que me resulta dolorosamente conocido. Las dos, a la sazón son las siguientes: Assassin's creed (2016) de Justin Kurzel, y la española 1898. Los últimos de Filipinas (2016) de Salvador Calvo. Dos producciones, una americana y una nacional. Pues bien, ¿qué tienen en común los dos largometrajes? La respuesta es bastante obvia: el demérito a España. O si nos ponemos técnicos, la continuación de la campaña publicitaria más grande y longeva de la historia: la leyenda negra.
La primera película está basada en el archiconocido juego de Ubisoft Assassin's Creed, el cual trata sobre una supuesta hermandad de asesinos, históricamente enemistados con los Templarios (¿?), a quienes se enfrentan a lo largo de la saga en distintos momentos y lugares. La película, próxima a estrenar, está protagonizada, entre otros, por el siempre recurrido Michael Fassbender y la bellísima Marion Cotillard (❤), y estará ambientada en la España del siglo XV bajo la terrible Inquisición española.
La segunda película, la que más clama al cielo desde mi punto de vista, producción probablemente animada por el capítulo de la infame -por su visión histórica sobre nuestro pasado- pero exitosa serie de televisión El ministerio del Tiempo, recrea el popular concepto, pero desconocidísimo hecho de armas de los últimos de Filipinas, o sea, el sitio de Baler, en el año 1898, y está protagonizada por, entre otros, los fabulosos actores Luis Tosar, Eduard Fernández y Karra Elejalde.
Estos son dos ejemplos de muchos, muchísimos que podríamos haber puesto. El caso de la española me resulta, por razones que enseguida entenderemos, más enervante, pero la única razón de haberlas seleccionado es, tanto su popularidad como la inmediatez de su estreno, no porque sean más representativas o falaces que otras, cuyas flagrantes patrañas y desfachateces son, sin embargo, enormemente bien recibidas por el público general de habla hispana.
